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LOS SACRAMENTOS DE LA IGLESIA.

EL SACRAMENTO DEL BAUTIZO.

1.   LAS PREFIGURACIONES DEL BAUTISMO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO.

 

1.1.     EL PASO DEL MAR ROJO.

Después de las diez plagas de Egipto, el faraón dejó que los israelitas abandonaran el país. Unas seiscientas mil personas se dirigieron hacia el mar Rojo, capitaneadas por Moisés.  Sin embargo una vez que se marcharon, el faraón se arrepintió de haberles dejado ir y mandó en su persecución a un poderoso ejército. Los israelitas se aterraron al ver que el ejercito de los egipcios estaba ya cerca, pero Moisés los tranquilizó diciendo: tened confianza que hoy veréis las maravillas de Dios. Extendiendo su brazo hacia el mar y vino un viento impetuoso que dividió las aguas. Contenidas estas por dos diques, permitieron que los hebreos pasasen a pie en medio de ellas.

 

Viendo los egipcios que se escapaban los que habían sido sus esclavos, corrieron hacia ellos con sus carros y caballos. Una vez que los israelitas llegaron a la otra orilla. Moisés extendió de nuevo su brazo hacia el mar. Las aguas se cerraron, recuperando su posición natural y el ejército del faraón quedó sepultado entre las olas.

 

El paso del mar rojo es “figura” del sacramento del Bautismo, pues del mismo modo que libró Dios al pueblo de Israel de la esclavitud de los egipcios haciéndolo pasar “a través de las aguas” del mar Rojo, Dios nos libra de la esclavitud del pecado y nos santifica por medio de las aguas del Bautismo.

 

1.2.     OTROS ANUNCIOS DEL BAUTISMO.

En el Antiguo Testamento hay otras prefiguraciones de sacramento del Bautismo:

a)   En el relato de la creación del mundo, dice la Biblia que el Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas. El agua aparece en la creación como las fuentes de la vida que pronto va a surgir. El bautismo es como una nueva creación, pues la persona bautizada “nace de nuevo” al recibir la gracia del Espíritu Santo.

b)   El arca de la alianza también es un anuncio de la salvación que obra el Bautismo, pues Noé y su familia se salvaron del diluvio en el arca de la Alianza a través de las aguas.

c)   El paso del río Jordán, por el que el pueblo de Dios entra en la Tierra Prometida, es anuncio de la herencia definitiva del cielo para quienes han sido hechos hijos de Dios por el Bautismo.

 

Muchos siglos después, Juan el Bautista bautizaba en el mismo río Jordán, llamando a todos los que le escuchaban a la conversión, es decir, a una vida nueva. Juan bautizaba solo con agua, pero anunciaba al Mesías Salvador, Jesucristo, que nos traería el nuevo Bautismo “en el Espíritu Santo”.

 

2.   JESÚS INSTITUYE EL SACRAMENTO DEL BAUTISMO.

Jesús instituyó el sacramento del Bautismo como el primer sacramento de la Nueva Alianza para nuestra santificación. Hay varios pasajes en los Evangelios que nos lo muestran con claridad:

a)   El bautismo de Jesús en el Jordán: Jesús no necesitaba bautizarse porque no hay en Él ningún pecado, pero quiso enseñarnos que el Bautismo es el camino para que los hombres lleguen a ser verdaderos Hijos de Dios.

b)   La conversión de Nicodemo: Nicodemo era un fariseo que buscaba la verdad con un corazón sincero. Una noche fue hablar con Jesús y Éste le dijo: En verdad, en verdad te digo que quien no nazca del agua y del Espíritu Santo no puede entrar en el Reino de los Cielos. (Jn 3,5)

c)   Jesús envió a los Apóstoles a bautizar: el Evangelio de san Mateo termina con estas palabras de Jesús resucitado: Id pues, enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

 

3.   EL BAUTISMO EN LA IGLESIA.

Desde el día de Pentecostés la Iglesia ha celebrado y administrado el Santo Bautismo. El libro de los Hechos de los Apóstoles cuenta como ese día San Pedro anunció a Jesucristo resucitado y al final de su discurso dijo a los miles de judíos que le escuchaban: Convertíos y que cada uno se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para la remisión de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. (Hc 2,38)

 

San Pedro les muestra a Jesucristo como el único salvador de los hombres y les ofrece el Bautismo por Él instituido para la salvación. Varios miles de judíos creyeron en Jesucristo y se bautizaron.

 

El Bautismo es necesario para la salvación de todos aquellos a quienes el Evangelio de Cristo ha sido anunciado.

Entonces, ¿pueden salvarse los que no han recibido el Bautismo? Según le enseñanza de la Iglesia pueden salvarse sin haber recibido el bautismo cristiano:

·         Quienes padecen la muerte a causa de la fe de Jesucristo. (Bautismo de Sangre)

·         Quienes buscan sinceramente a Dios y se esfuerzan por cumplir su voluntad. (Bautismo de deseo)

·         Los catecúmenos que se están preparando para recibir el Bautismo cristiano.

En cuanto a los niños que mueren sin el Bautismo, la Iglesia nos encomienda a la misericordia de Dios.     Todos cuanto se salvan alcanzan la salvación en virtud de los méritos de Jesucristo, que es el único Salvador de los hombres.

 

4.   LA CELEBRACIÓN DEL SACRAMENTO DEL BAUTISMO.

Desde los comienzos del cristianismo para la llegada del Bautismo se recorría un camino de iniciación. En los primeros siglos esta iniciación era un largo periodo de catecumenado que desembocaba en la recepción de los sacramentos de la de la iniciación cristiana. (Bautismo, Confirmación y Eucaristía)

Unos siglos después, se hizo habitual en las familias cristianas el Bautismo de los niños, el cual requiere, para el desarrollo de la gracia bautismal un catecumenado posbautismal. Es el momento propio de la catequesis, que reviste una gran importancia en el desarrollo y maduración de la vida cristiana.  

 

4.1 Los ritos de la celebración del sacramento del bautismo.

La liturgia del Bautismo es muy rica en sus símbolos:

·         El rito de acogida en la Iglesia: el sacerdote acoge al que va a recibir el Bautismo, a sus padres y a los padrinos en el umbral de la Iglesia. Luego hace la señal de la cruz en la frente del que va a recibir el Bautismo.

·         La liturgia de la Palabra: el sacerdote lee la Palabra de Dios y la explica.

·         La Liturgia del Sacramento:comienza con la bendición del agua, la renuncia al pecado y la profesión de fe. El sacerdote derrama el agua sobre la cabeza del que se bautiza pronunciando las palabras rituales: (nombre) yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

·         Ritos Finales: el sacerdote unge con el Santo Crisma (óleo perfumando) la cabeza del niño, lo cual significa que el Bautismo nos hace “ungidos”, otros Cristos.

Le impone después la vestidura blanca símbolo de la gracia y de la vida nueva en Cristo.

El celebrante entrega a los padres o padrinos una vela encendida en el Cirio Pascual, que es figura de Jesucristo resucitado, e invita a mantener encendida la llama de la fe hasta el fin de la vida.

 

·         Bendición final y despedida.

 

El ministro del Sacramento es la persona que bautiza. Ordinariamente es el Obispo, sacerdote o diácono. En caso de peligro de muerte puede bautizar cualquier fiel, e incluso cualquier infiel o hereje, con tal de que tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia.

 

EL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACIÓN

 

En al Antiguo Testamento, los reyes eran ungidos. En el Nuevo Testamento el Ungido por excelencia es Jesucristo. Incluso las palabras Mesías y Cristo significan Ungido, es decir, aquel que está lleno del Espíritu Santo.

Jesús prometió a los Apóstoles que les enviaría en Espíritu Santo: Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo. (Hc1,8)

 

Jesús cumplió su promesa el día de Pentecostés. Ese día los Apóstoles (que ya estaban Bautizados) fueron confirmados y fortalecidos en la fe al recibir con una especial fuerza el don del Espíritu Santo. A partir de ese día los apóstoles comenzaron a bautizar y a administrar el sacramento de la Confirmación.

 

Por lo tanto después de administrar el Bautismo, los Apóstoles comunicaban el don del Espíritu Santo mediante la imposición de las manos. Este sacramento se llama Confirmación porque confirma y refuerza la gracia recibida en el Bautismo.

 

1.   LOS EFECTOS DEL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACIÓN.

Ya desde el tiempo de los Apóstoles, la imposición de las manos significaba la forma eficaz la plena comunicación del donde del Espíritu Santo  a los bautizados. Pare expresar mejor el don del Espíritu Santo  se le añadió pronto una unción de aceite perfumando, llamado crisma. En efecto mediante la Confirmación, los cristianos consagrados con la unción en el Bautismo, participan en la plenitud del Espíritu, para que toda su vida difunda el perfuma de Cristo.

 

Los efectos de la confirmación en el confirmado son:

1.     Recibe una especial efusión del Espíritu Santo, que refuerza la gracia bautismal e imprime en el alma un carácter (sello) indeleble.

2.     Le comunica más profundamente la filiación divina y le une más firmemente a Cristo y a la Iglesia.

3.     Le da una fuerza especial para comportarse como verdadero testigo de Cristo en el mundo.

 

La confirmación es un sacramento de vivos: esto quiere decir que debe recibirse en gracia de Dios. Debido al sello indeleble (carácter), solo se recibe una vez en la vida.

 

2.   LITURGIA DE LA CONFIRMACIÓN.

Los Apóstoles, como hemos visto, oraban e imponían las manos a los nuevos cristianos para que recibieran más plenamente al Espíritu Santo.

El ministro originario de la Confirmación, por tanto, es el Obispo: se manifiesta así el vínculo del confirmado con la Iglesia en su dimensión Apostólica. Cuando el sacramento es administrado por un presbítero, como sucede ordinariamente en Oriente y en casos particulares en Occidente, es el mismo presbítero, colaborador del Obispo, y el Santo Crisma, consagrado por éste, quienes expresan el vínculo del confirmado con el obispo y con la Iglesia.

 

El sacramento de la Confirmación suele administrarse preferentemente dentro de la Misa. El rito de la Confirmación comprende los siguientes actos:

 

·         La presentación de los confirmados, que se hace después del Evangelio.

·         La renovación de las promesas del Bautismo.

·         La imposición de las manos, por parte del ministro, sobre todo los que van a recibir el sacramento.

·         Luego tiene lugar la parte esencial del rito sacramental mediante una acción que realiza el ministro sobre cada confirmando, en la que ocurren dos elementos:

ü  La imposición de la mano del Obispo sobre la cabeza.

ü  La unción en la frente con el santo Crisma mientras dice: “Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo”.

 

Las imposición de la mano es señal de bendición y de envió a la misión de dar testimonio de Jesucristo. La unción con el santo Crisma tiene un doble significado: el aceite es signo de vigor pues lo usaban los que iban a combatir, el perfume que se mezcla con el aceite simboliza las buenas obras del cristiano, el “buen aroma” de Cristo que he de difundir en el mundo.

El sacramento de la Confirmación puede y debe recibirlo una sola vez aquel que ha sido bautizado. Para recibirlo con fruto hay que estar en gracia de Dios.

 

EL SACRAMENTO DE LA EUCARISTÍA.

 

1.   ANUNCIO E INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA.

En la Antigua Alianza, la Eucaristía fue anunciada en el milagro del maná que llovió del cielo sobre los israelitas cuando peregrinaban por el desierto en busca de la Tierra Prometida. Y, sobre todo, fue anunciada en la cena pascual que toda familia judía celebra cada año. En esa cena ritual se comía un cordero, previamente sacrificado, que se acompañaba con panes ázimos (sin fermentar) todo ello en recuerdo de la liberadora salida de Egipto que se conoce con el nombre del Éxodo.

 

Jesús anunció ya próxima la Nueva Pascua (la Eucaristía) cuando prometió a sus discípulos darles el Pan de la Vida, se sería su Cuerpo y su Sangre sacrificados y entregados a ellos como alimento sobrenatural.

Poco después de este extraordinario anuncio, durante la Celebración de la Última Cena, Jesús instituyo la Eucaristía al celebrar la Nueva Pascua con los Apóstoles.

 

2.   JESÚS ESTÁ REALMENTE PRESENTE EN LA EUCARISTÍA.

Jesús está presente en la Iglesia de diversas maneras: en su Palabra, en los Sacramentos, en los pobres, en los enfermos… Pero, sobre todo, está presente en la Eucaristía.

 

Recordemos: Jesús, el Hijo de Dios, se encarnó en las entrañas de la Virgen María y nació en Belén. Vivió en Nazaret, donde obedeció a sus padres y trabajó como carpintero; hacia los 30 años comenzó si vida pública en la que anunció en Evangelio del Reino de Dios e hizo grandes milagros. Sufrió la Pasión y murió y al tercer día resucitó. Pues eso mismo Jesús y no una imagen o recuerdo suyo es quien está verdadera y realmente presente en el sacramento de la Eucaristía. Lo que era pan, pasa a ser el Cuerpo de Cristo; y lo que era vino pasa a ser su Sangre.

 

Este prodigio sucede en el momento de la Consagración de la Misa. Es el mismo Jesús Dios todopoderoso, como el Padre y el Espíritu Santo quien realiza esa milagrosa conversión en cada Misa, igual que la realizó en la Última Cena ante los Apóstoles. El sacerdote representante de Cristo, es quien pronuncia las palabras de la consagración, pero su eficacia milagrosa proviene de Dios. Es la Palabra omnipotente de Dios, que pudo hacer de la nada lo que existe, la que pone la fuerza y la eficacia para realizar esa conversión extraordinaria, que se llama transustanciación, por el cambio de sustancia que se produce. Jesús está presente en la Eucaristía con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad.

 

3.   LOS SACRIFICIOS DE LA ANTIGUA ALIANZA.

Después de que el pueblo de Israel fue liberado de Egipto, Dios ordenó a Moisés que cada familia judía celebrara todos los años la fiesta de la Pascua, sacrificando un cordero, en memoria y en acción  de gracias por la liberación del pueblo.

 

Más tarde Dios ordenó que fuera edificado un templo en Jerusalén, en el que los sacerdotes ofrecieran numerosos sacrificios y holocaustos en acción de gracias a Dios por sus beneficios y en reparación por los pecados del pueblo.

 

Aquel templo y aquellos sacrificios eran imagen y anuncio del nuevo templo y del nuevo sacrificio que habría de ofrecerse en el mundo por medio de Jesucristo. Por eso un día Jesús dijo a los judíos: Destruid este templo y yo lo reedificaré en tres días. (Jn 2,19) ¿A qué templo se refería Jesús sino al de su cuerpo? ¿Y a que reedificación, sino a su propia resurrección ocurrida al tercer día de su muerte?

La carta a los Hebreos enseña: He aquí, dice el Señor, que vendrán días en que sellaré con la casa de Israel una Nueva Alianza. Esta promesa de Dios se vería cumplida en la Última Cena cuando Jesucristo ofreció su Cuerpo y su Sangre para el perdón de los pecados del mundo. Ese ofrecimiento lo consumo Jesús al día siguiente con su muerte en la Cruz. Jesús es el nuevo Cordero de Dios que ha sido ofrecido en sacrificio para pagar por los pecados de todos los hombres y abrir a la Humanidad las puertas del cielo.

 

4.   LA SANTA MISA ES EL MISMO SACRIFICIO DE LA CRUZ.

En cada Misa, Jesucristo renueva su sacrificio de la Cruz ofrecido por la salvación de todos los hombres. La Santa Misa es el mismo sacrificio de la Cruz. Así lo afirma el Papa Pablo VI en el Credo del Pueblo de Dios.: “Creemos que la Misa, que es celebrada por el sacerdote representado la persona de Cristo…, es realmente el sacrificio del calvario”. En cada Misa, Jesús ofrece el mismo Cuerpo que entregó en la Cruz y la misma Sangre que derramó en el calvario.

 

En la Cruz, Jesucristo se ofreció a Dios Padre para salvar a los hombres del pecado. Del mismo modo también en la Santa Misa, Jesús ofrece realmente su Cuerpo y Sangre, bajo la apariencia de pan y vino, como reparación por los pecados de todos los hombres. Sin embargo, entre el sacrificio de la Cruz y la Santa Misa existen algunas diferencias que son accidentales:

 

a)   En la Cruz: Cristo se ofreció de un modo cruento, es decir, derramo su Sangre. En el altar, se ofrece el mismo Jesús pero de modo incruento, es decir, sin sufrir porque ya sufrió en la Cruz de una vez para siempre y ahora está resucitado y glorioso.

b)   En el calvario: Cristo se ofreció a sí mismo; en la Santa Misa lo hace por medio de los sacerdotes, que actúa en su persona; por eso no dice: “Esto es el Cuerpo de Cristo” sino directamente “Esto es mi Cuerpo”

 

5.   LA SAGRADA COMUNIÓN.

El lógico que Jesús desee que los cristianos, cuando participan en la Eucaristía, reciban la Sagrada Comunión.

El mismo Jesús dio su cuerpo como alimento del alma y manifestó su deseo de que lo recibiéramos. Así lo dijo en la Última Cena: Tomad y comed, esto es mi Cuerpo. (Mt 26,26)

 

La sagrada comunión es recibir al mismo Jesucristo bajo las especies de pan y vino. Sus efectos son extraordinarios:

1.     Acrecienta nuestra unión con Jesucristo.

2.     Nos perdona los pecados veniales y nos preserva de los pecados mortales.

3.     Nos concede nuevas fuerzas para vivir como hijos de Dios.

4.     Nos une más estrechamente a los demás miembros de la Iglesia.

 

Uno de los frutos de la Eucaristía es fortalecer la caridad: ayuda a superar los odios y rencores, acrecienta la solidaridad y la ayuda a los necesitados y da fuerzas para construir una sociedad más justa.

Pero para recibir dignamente el Cuerpo y Sangre de Jesús debemos tener el alma limpia de pecado grave, pues, como dice San Pablo: Quien como del pan o beba el cáliz  del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. (1Cor 11,27)

La Iglesia recomienda la comunión frecuente y manda que la recibamos al menos una vez al año, en tiempo de Pascua de Resurrección.

 

 

Por wilexhurtado - Publicado en: Religión 2do de secundaria
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